La comunidad educativa se ha visto obligada a incluir la tecnología en el aula de manera forzosa durante los últimos meses. A pesar de los grandes avances que ofrece, siempre hay que seguir atendiendo a las necesidades individuales que el alumnado pueda presentar.

“Hola, profe. ¿Alguna vez has tenido un grupo de alumnos y alumnas que te hayan permitido enseñar lo mismo, al mismo ritmo? No, ¿verdad?”

Cada aula es un mundo, y cada uno de ellos requiere de un docente que permita a su alumnado sacarle el máximo partido a lo que allí se aprende.

Algunos chicos y chicas tienen altas capacidades y otros diferentes dificultades para aprender, pero ninguno de ellos son “buenos” o “malos” en todo. Dentro de ese mundo existen territorios que corresponden a las materias y que, como ocurre en el mundo laboral, hay personas que se especializan (bien por interés o porque lo encuentran fácil) en algunas u otras.

Tecnología inclusiva como remedio para toda la comunidad educativa

De esta forma, esas materias son la base de las actividades y labores que, posteriormente, se aplican fuera del mundo educativo.

Por ello, sabiendo que el mundo laboral requiere de personas que hagan diversas tareas y que no todos podemos abarcar todas las necesidades de una organización, debemos entender que la escuela no puede ser diferente. ¿Hay que aprender matemáticas aunque no nos guste? Por supuesto. ¿Debe el alumno o alumna desarrollar su capacidad física o interpretativa aunque no se sienta cómodo con ello? Claro. 

No obstante, siempre habrá preferencias debidas a intereses o dificultades ligadas a la práctica de una actividad concreta. Por ello, se plantea muy urgente el hecho de que los docentes cuenten con las armas que les permitan detectar esas motivaciones, dificultades/barreras que hacen que sus alumnos y alumnas muestren mayor predisposición hacia ciertas tareas y rechazo hacia otras.

Reciclaje en la mentalidad docente

Aquí entra el poder de la tecnología inclusiva, la que permite atender personalizadamente a cada uno de los individuos del aula. Y es que la falta de tiempo ha sido siempre un factor decisivo en la atención que se da al alumnado con diversidad funcional u otros tipos de dificultad para aprender (incluyendo lo social, económico, etc.). De esta manera, se hace cada vez más importante aceptar que los entornos y herramientas digitales de aprendizaje son un apoyo crucial para la mejora del actual sistema de enseñanza-aprendizaje.

Así, se hace muy necesaria la integración del uso de herramientas para niños y niñas con Síndrome de Down, Trastornos del Espectro Autista o TDAH, pero existen otras muchas necesidades específicas de apoyo educativo que nada tienen que ver con las anteriores y que requieren de una intervención similar (a diferente grado).

Objetivos de inclusión y accesibilidad

Los próximos años deben, por tanto, ser una revolución en materia de accesibilidad e inclusión de la tecnología mediada por los docentes, de manera que las oportunidades del alumnado sean más homogéneas. Además, esto debe involucrar tanto a instituciones públicas como privadas, algo que no solo tiene que conseguirse desde las mismas, sino que estas necesitarán el apoyo de medidas y leyes educativas que consideren básico e imprescindible que todos los estudiantes puedan acceder a aquellos metodologías activas y herramientas digitales que, sin duda, encontrarán en su futuro laboral.

Y tú, ¿estás dando ya los primeros pasos hacia una enseñanza accesible, inclusiva e híbrida? Para ello necesitas saber en qué punto del camino te encuentras y aonia educación puede ayudarte.

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