El sector educativo, igual que todos los demás, ha experimentado una serie de vertiginosos cambios en los últimos meses. Los “profes” de historia ya hacen alusión a su común a.C y d.C como antes y después del COVID, en vez de Cristo. Y es que no es lo mismo impartir clases con material analógico que valerse de recursos digitales que pueden encontrarse en la red. Muchos de ellos, como los de las demás materias, ya se estaban habituando a explorar webs que pudiesen aportarles vídeos, imágenes, actividades gamificadas, etc., que les apoyasen con la ardua tarea de ganarse la atención del alumnado.

No obstante, otros muchos han vivido situaciones en estos últimos meses que les han obligado a descubrir esta nueva forma de enseñar (y aprender).

Cambios en la práctica docente

Las instituciones y centros educativos, directores, coordinadores y docentes han ido adaptando sus prácticas sobre la marcha conforme llegaba la avalancha de nuevas exigencias. Unas que ya eran necesidades del alumnado desde hacía años pero que no se habían querido/podido afrontar.

Tendencias educativas post-COVID

Aunque aún nos encontramos en pleno proceso de adaptación y toma de decisiones para los próximos cursos, parece ser que hay una serie de medidas y tendencias que están reinando en la comunidad educativa.

Tendencias educativas post-COVID

Desde el evento “VueltaAlColeEntrePartners” de @MicrosoftEduEsp, en el que estuvimos presentes como Global Training Partner de Microsoft, se dieron algunas pistas sobre esas tendencias tras el COVID. Aquí van varias de ellas:

  • Sistemas de Gestión de Aprendizaje: Los famosos LMS están cada vez más extendidos entre las instituciones educativas debido a que ya no son solo una serie de recursos los que debemos tener controlados, sino que se ha hecho necesario poder acceder a todo lo que antes podíamos hacer de manera física (contenido de los cursos, comunicación institucional y con las familias, administración, calificaciones, tareas, etc).
  • Identidad del alumno y SSO (Single Sign On): Todos y cada uno de los alumnos y alumnas deben tener cuentas personales y, además, poder acceder a las mismas con rápidamente (con un solo click), especialmente los más pequeños.
  • Aprendizaje síncrono y asíncrono: Ya era normal plantear actividades que hacemos con los alumnos y alumnas en persona o a través de cualquier modalidad que nos permita interactuar con ellos a tiempo real pero, también se están teniendo muy en cuenta cada vez más desde hace meses esas actividades que deben hacerse en los periodos en los que no podemos estar conectados a la misma hora.
  • Programas de dispositivos 1:1: Los más afortunados ya tienen su propia herramienta de trabajo escolar (portátil, tablets, etc.), aunque aún quedan muchos centros, alumnos y alumnas que no han podido acceder a ello.
  • Privacidad del alumnado y conectividad en el aula y en casa: La importancia de mantener “a salvo” los datos personales de los alumnos/as se ha convertido en prioridad absoluta. Además de ello, poder acceder a internet desde clase y desde casa es ya algo imprescindible.
  • Consolidación de apps y experiencias de aprendizaje remoto: Tanto docentes como alumnado deben ser capaces de adquirir las habilidades básicas para manejar los entornos y herramientas de aprendizaje que su centro ha decidido implementar en las aulas.
  • Accesibilidad e inclusión: Las enseñanzas impartidas deben estar al alcance del alumnado con independencia de sus características de aprendizaje. Por ello, los esfuerzos se están centrando en adaptar todo ello a todos los públicos (dificultades de aprendizaje, limitaciones económicas, sociales, etc).

¿Te resultan familiares estas iniciativas y prácticas? ¿Cuáles de ellas has adoptado como institución, centro educativo o docente individual?

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