El pasado 14 de marzo se decretó en España el estado de alarma y confinamiento debido al COVID-19. Un hecho que obligó de manera oficial a suspender las clases en los centros educativos aunque en algunas comunidades autónomas, el cese de la actividad docente se produjo antes.  

La comunidad educativa ha tenido que transformar su actividad de un modelo tradicional en la mayoría de sus casos, basados en la presencialidad, a un paradigma digital en tiempo récord. 

¿Qué otro sector profesional que abarque millones de profesionales y usuarios lo ha hecho?

Esta situación ha puesto de manifiesto tres grandes handicaps que todos conocíamos, poníamos sobre la mesa e intentábamos, en la medida de nuestras posibilidades, solventar.

1. Conectividad

La red es el medio a través del cual nos mantenemos conectados, podemos seguir teletrabajando, recibiendo las tareas y recomendaciones de los profes, adquiriendo recursos de ocio como música, series, comprar libros… pero, ¿qué pasa dónde no llega la red? 

En las zonas rurales o determinados barrios en cualquier ciudad, la disponibilidad de conexión de banda ancha depende de la voluntad de la compañía que ofrece el servicio, por lo que hay zonas que no disponen de este servicio y por tanto sus posibilidades durante este confinamiento se ven gravemente mermadas. 

Un sistema educativo digitalizado requiere de un servicio de banda ancha para todos.

2. Dispositivos

Los docentes se están esforzando por mantenerse comunicados con su alumnado, por ofrecerles recursos de aprendizaje adaptados a sus edades y niveles educativos, rehaciendo programaciones y trabajando a toda marcha para crear contenidos adaptados a la circunstancia, pero nos encontramos con el segundo obstáculo. 

No todas las familias disponen de dispositivos para trabajar con sus hijos. 

Por ejemplo, los libros digitales que sólo se ejecutan en ordenadores es una limitación para quienes en su casa solo disponen de móvil porque, otra vez, vemos que se veta al acceso al conocimiento al que se encuentra en situación más desfavorecida.

3. Competencia digital

Y llegamos a la tercera barrera, derivada en gran medida de las dos anteriores: La competencia digital de la comunidad educativa, entendiéndose en el sentido más amplio, ha puesto de manifiesto sus carencias.

¿Cómo creamos contenidos? ¿De qué manera se los hacemos llegar a nuestro alumnado? ¿Cómo rehacemos programaciones adaptadas al entorno 100% digital? Son algunas de las preguntas que se vienen haciendo los docentes en las últimas semanas.

El COVID-19 y la brecha digital

En las familias, la problemática reside en ¿qué necesitamos para poder trabajar en casa? ¿Cómo acceder a los contenidos? 

Por su parte, el alumnado tiene que aprender a trabajar en remoto, siendo responsable de su proceso de aprendizaje, y manteniendo la comunicación con el profesorado y sus compañeros, lo que supone un cambio metodológico fundamental.

Se ha puesto de manifiesto la necesidad de formación en competencia digital para toda la comunidad educativa así como en herramientas y entornos digitales para el profesorado y alumnado que desarrolla su actividad en un mundo global y conectado. 

En AoniaLearning estamos comprometidos con la educación y ese compromiso nos obliga a ponernos al servicio de la comunidad educativa desde nuestra posición de consultoría, ofreciendo formaciones para el aprovechamiento pedagógico de las principales herramientas de gestión de aula digital, dirigidos a la comunidad educativa, con el objetivo de ayudarles en su formación digital y metodológica.

Además, hasta el 11 de abril estamos recogiendo datos para la elaboración de la Guía para una educación digital: Análisis global sobre el impacto del COVID-19 con la que pretendemos contribuir a que los aprendizajes que estamos obteniendo en esta situación, cristalicen en una guía que ayude a responsables educativos a afrontar retos como estos en el futuro, de forma gratuita y abierta a todo el mundo. 

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